Me
gusta pensar en el pasado. En los bonitos recuerdos que te quedan en la memoria
marcados para siempre. A veces también pienso en los que no son tan bonitos,
pero dejan huella. Y en el futuro. En lo que aún está por llegar. Pero, sobre
todo, con el paso del tiempo he aprendido a pensar en el presente. A vivir el
día a día. Porque el pasado ya no vuelve. Y el futuro ya vendrá. Pero es en el
presente donde se encuentran los hechos que podemos dirigir. Esas experiencias
que nos ayudan a crecer, aprender, pensar, reír, llorar, VIVIR.
No
puedes cambiar aquello que ya te ha pasado. No sirve de nada lamentarte por
algo a lo que no puedes volver. Pero sí puedes aprender de ello, para no
cometer el mismo error en el presente. Tampoco puedes vivir pensando lo que vendrá.
Está bien pensar lo que te gustaría hacer en el futuro, tener planes, metas e
ilusiones en la vida. Pero no puedes dejar que se convierta en tu pensamiento
principal. Porque entonces, aunque no te des cuenta, no estarás viviendo el
momento. Y cuando pase, te arrepentirás de no haberlo hecho. Por eso, piensa y
aprende del pasado, planea e ilusiónate con el futuro, pero, sobre todo, vive
el presente. Recuerda, aquí y ahora.

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