La
vida es un búmeran. Lo que das, recibes. Pero no hay que dar con la intención
de recibir, hay que dar con el corazón. Puede que sea difícil ver la
diferencia, pero la hay. Y es mucho más bonito dar sin esperar nada cambio. Hay
que aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida. Y una de ellas es la
capacidad de hacer feliz a los demás con detalles. A veces no es necesario
pensar demasiado para poder alegrarle el día a alguien a quien quieres. A veces
sorprende más un grano de arena, que una montaña. De hecho, ¿cuántas veces te
has ilusionado con un detalle que no te esperabas, aunque fuera insignificante?
Seguro que más de las que pensabas. Y es que también nos gusta recibir. A todos
nos alegra saber que alguien se ha acordado de ti. Es importante para nosotros sentirnos
queridos por las personas a las que queremos. Y recibir -aunque no sea de forma
material- es una manera de demostrarlo. A veces es mucho más fácil de lo que
pensamos. Y si todos tuviéramos esa actitud, la vida sería mucho más fácil,
mucho más bonita.

Comentarios
Publicar un comentario